Setenta años de un emblema Economía social

Fecha: Lunes, 2 Julio, 2012 - 10:12

Memoria al micrófono

Nacida el 27 de junio de 1942, LU3 acompaña desde hace siete décadas el acontecer bahiense y de la región. Por sus micrófonos pasaron emblemáticos periodistas, grandes locutores y artistas de relieve internacional. La irrupción del neoliberalismo casi la hace desaparecer. Pero el empuje de sus trabajadores posibilitó que se mantuviera en el aire. Hoy, es administrada por una cooperativa que hace de la autogestión su forma de renacer. EcoDias dialogó con el director de la emisora, Alberto Mac Dougall.

En el informativo de la radio LU2, propiedad del entonces Viceministro de Defensa Vicente Massot, se apuraron a dar la noticia: LU3 había desaparecido. Corría entonces 1994 y la emblemática emisora, por cuya fonoplatea pasaron grandes como Julio Sosa o Cátulo Castillo, había sufrido ya los tiempos neoliberales: desde la dictadura estaba a cargo de un empresario capitalino, que operaba a través de testaferros.
Durante algún tiempo, parte del público que no pasaba por el 1080 del dial de AM creía que la radio efectivamente había desaparecido. Pero gracias al tesón de un grupo de trabajadores que la mantuvieron funcionando aún ante el vaciamiento empresario, la mítica LU3 bahiense no dejó de salir al aire ni un minuto. Con poco alcance, con muchas dificultades. Pero al aire. El sueño del monopolio no se había hecho realidad.
La emisora, emblema en la radiofonía bahiense y de la región, está a punto de cumplir setenta años: su primera trasmisión se llevó a cabo, tras 22 días de pruebas, el 27 de junio de 1942. Sus estudios, por entonces, estaban ubicados en Belgrano 29.
Las siete décadas la encuentran más joven que nunca. Tras tocar fondo durante el menemismo, la autogestión comienza a dar sus frutos: los trabajadores ya consiguieron renovar el equipamiento técnico, levantaron una FM y, con la puesta en funcionamiento de una nueva planta trasmisora, lograron tiempo atrás un alcance de 500 kilómetros, con picos de mil hacia el sur, cuando las condiciones climáticas son propicias. El director de la radio, Alberto Mac Dougall, da fe de ello: ha recibido noticias de personas que pudieron sintonizar LU3 desde el lejano Comodoro Rivadavia.

La génesis
El 5 de junio de 1942, la que sería LU3 realizó su primera trasmisión de prueba. Veintidós días más tarde, el 27 de junio, a las 18, 30 horas tuvo lugar el acto de apertura formal. A los estudios entonces ubicados en Belgrano 29 asistió el intendente municipal Jorge Aguilar. En nombre de la nueva emisora hizo uso de la palabra el director gerente Emilio Argüelles.
En aquellos tiempos fundacionales, LU3 se constituyó como filial de la Red Argentina de Emisoras Splendid, que tenía su cabecera en la mítica LR4 Radio Splendid de la Capital Federal. Esta práctica marcó el nacimiento de todas las emisoras bahienses. “En aquel tiempo, LU2 era filial de Radio Belgrano, LU7 de El Mundo y nosotros, de Splendid”, relata Mac Dougall.
En principio, las trasmisiones eran más bien re- trasmisiones de los contenidos de la emisora capitalina. Pero, paulatinamente, los micrófonos fueron recibiendo voces bahienses. Entre los primeros locutores, cabe mencionar a Mario Fontán y Vicente Levantesi, quien en 1958 se convertiría además en uno sus nuevos propietarios, junto a Herberto Long, Francisco Fernández Presa y Eduardo Canigia.
“Con el que más vínculo tuve fue con Fernández Presa. Era un hombre que todos los sábados y domingos se daba una vueltita a mirar cómo andaban las cosas”, recuerda el actual director para marcar diferencias respecto de lo que ocurriría más tarde, cuando la emisora fue vendida a empresarios capitalinos que la administraban a través de testaferros.
Fue entonces, por agosto de 1959, cuando la radio se mudó al histórico edificio de Lamadrid 116, que fuera hogar del escritor Eduardo Mallea y por cuyos estudios habrían de pasar destacados periodistas y algunas voces para el recuerdo, entre ellas la de Julio Sosa.

Los nombres
La búsqueda de nombre y anécdotas referidas a la historia de la radio sólo encuentra lazarillo en la memoria, debido a que “con la situación que se vivió acá, no solamente casi se cierra una fuente de trabajo sino que se perdió parte de su historia. Porque la gente que anduvo acá algunas cosas se llevó: archivos y sobre todo fotografías”, dice Mac Dougall, mientras recupera instantáneas en su memoria.
Entre las voces que allí se alojan, pueden citarse las de Benjamín Deborí, María Esther Serruya u Osvaldo Linares, “un excelente conductor de programas musicales. Tenía muy buen gusto para la música y hacía muy buenos programas a la tarde. Eran muy amenos, y la gente los seguía mucho”.
A ellos se suma quien Mac Dougall considera “el maestro del periodismo”, Juan Carlos Dobal. “Era un flor de tipo, y todos los días hacía editoriales. En sus informativos y en un programa donde repasaba noticias y hablaba de actualidad. Era consulta del vecino”, apunta quien también se transformó en un símbolo de los servicios de noticias de LU3. “Los que estábamos con él lo observamos, y así aprendíamos. Laburábamos al lado de un maestro”, añade.
Otra figura que el actual director rescata en su memoria es la de Bill Américo Brusa, el “Lungo”. Sin haber cursado más que la escuela primaria, Brusa “tenía mucha iniciativa para crear programas. Muchos formatos que todavía andan dando vueltas en algunas radios, tuvieron su origen en él”, cuenta Mac Dougall a EcoDias. “Y una cualidad por la que lo conocen no solamente en Bahía Blanca, sino en la Argentina y el exterior, es que fue el gran impulsor del básquetbol en la ciudad. Y tuvo la suerte, como siempre decía, de que en ese momento aparecieran (Atilio) Fruet, (Alberto) Cabrera y (José) De Lizaso, un grupo de gente a la que llegó a dirigir en la selección provincial”, agrega.
Una mención especial también merecen los nombres de Osvaldo Ochoa, Delia Marvel, Oscar Enrique Castro, Miguel Romay, Reinaldo Gamarro, Néstor Francisco Radivoy, Carlos Almirón, Alberto Comán, Aníbal Nazaro, Gustavo Gabí, Oscar Gelio Barrio y Pablo Serrat, quien llegó a dirigir la radio. El periodista Eduardo Cenci, por su parte, dio su nombre al estudio principal de LU3 en su edificio de Lamadrid 116.
Inmerso junto a EcoDias en el repaso histórico propuesto, Mac Dougall rescata también a Oscar Coleffi, “el mejor relator de básquetbol que ha dado la Argentina. Hoy, nadie lo puede igualar. Entendía tanto al deporte que ha venido gente de Buenos Aires a verlo y a tratar de llevárselo, pero no pudieron”. En ese rubro, también se destacó Paco Cabezas. “Era inédito. Relataba boxeo de una manera muy especial, parecía que le estaba contando un cuentito a los nietos”, recuerda.
Párrafo aparte requieren los radioteatros que atraían la atención de la ciudad y la región. “Había dos compañías muy fuertes: Javier Rizzo en LU2 y Mario Mauret en LU3. Eran unos minutos a la tarde que nadie se los perdía”, indica Mac Dougall. La reproducción de sonidos se hacía de modo artesanal, con una serie de suaves golpe para marcar pasos o una puerta mal engrasada que producía efectos para la entrada de los personajes a la sala.

Los tiempos del vacío
“Hemos coincidido con otros compañeros: mientras la radio fue de dueños locales, existían los problemas habituales de una empresa. Pero uno sabía quién era quién, dónde vivía y dónde reclamar, o llevar inquietudes”, dice Mac Dougall para abrir su narración del comienzo de las épocas del vaciamiento de la emisora.
LU3 fue vendida a un empresario capitalino llamado José Irusta, que se manejaba a través de testaferros y ya había tenido conflictos en el ramo. La venta ocurrió en tiempos de la dictadura y el entonces intervenido Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) dio el visto bueno.
La misma dictadura, en oportunidad del conflicto por las islas Malvinas, movió a LU3 de su sitio en el dial, llevándola a su actual 1080. “Necesitaban una radio en esa frecuencia. Por entonces, nosotros llegábamos a Puerto Argentino. Había un boletín especial para Malvinas, a las 22 horas, porque había un muchacho de Bahía en el servicio de YPF en las islas”, relata Mac Dougall.
En 1994, “nos enteramos de un día para el otro que no teníamos dueños. Mirá cómo fue: vino gente de lo que antes era ESEBA a cortar la luz. Ellos no habían pagado. Ahí nos avivamos, cuando quisimos reclamar a Buenos Aires, de que no teníamos dueños. Nadie contestaba. Y también nos enteramos que en un remate se había perdido la planta trasmisora. A pesar de eso, no dejamos de trasmitir”. Los equipos de trasmisión peregrinaron por tres predios cedidos a préstamo, y un vecino les facilitó provisoriamente energía eléctrica para que LU3 no dejara de emitir.
“Lo misterioso es por qué dejaron caer a LU3. Espero saberlo algún día, antes de morirme. Porque es evidente que alguien sabía que esta gente iba a abandonar la radio”, reflexiona Mac Dougall.

El renacer
Bajo la antigua forma de Sociedad de Responsabilidad Limitada, la empresa siguió funcionando administrada ya por sus propios trabajadores. Por entonces, estaba aún en vigencia la antigua Ley de Radiodifusión, sancionada por el dictador Jorge Videla en 1980, que en su artículo 45 prohibía a las cooperativas el acceso a frecuencias.
La situación comenzó a revertirse durante el gobierno de Néstor Kirchner, quien suprimió el mencionado artículo de la vieja normativa. Poco a poco, con organización, la radio fue recuperando terreno: gracias al empuje propio y a una hasta entonces inédita atención del Estado, disfruta ahora de un parcial reacondicionamiento de su edificio, modernos equipos y una nueva planta trasmisora, que le permite llegar a unos 500 kilómetros.
“Lo significativo de este momento de LU3 es que los trabajadores son los únicos responsables de su desenvolvimiento y desarrollo, en una experiencia cooperativa con muy pocos antecedentes en el país”, concluye Mac Dougall. Empezando a superar su peor etapa, que coincidió con una similar del país en su conjunto, la histórica emisora aguarda cada jornada a los bahienses con una propuesta de programación cada vez más completa, comprometida y cálida. El aire bahiense, a salvo de la voz única de los monopolios, agradecido.

Instantáneas de otro tiempo
Entre las muchas anécdotas que atesora Mac Dougall de sus cuatro décadas en LU3, hay una en especial que merece mención. Es el propio director actual de la emisora quien la desarrolla, textual, en este recuadro:
“Después del golpe de marzo, empezaron a ocurrir los hechos que todos sabemos. Nosotros teníamos a un periodista de primera: Carlos Iaquinandi. Acá había un sindicato de prensa que estaba en manos de los trabajadores. Cuando fue lo de (Enrique) Heinrich y (Miguel Ángel) Loyola, a quienes secuestraron y mataron, recuerdo que yo estaba leyendo el panorama. Teníamos que leer a dos voces con Iaquinandi, pero él siempre llegaba quince minutos tarde. Cuando él entra a la sala del informativo, yo estaba leyendo lo de Heinrich y Loyola. Noté que abrió la puerta y se quedó parado y no se sentaba. Entonces observé que estaba llorando. Fui al corte y me dijo ‘me voy a tener que ir, porque cayeron estos muchachos y seguro que estoy en la lista’”.

Autor: Redacción EcoDias