Honduras y Paraguay, las heridas de América Latina Internacionales

Fecha: Lunes, 2 Julio, 2012 - 10:02

Los terratenientes que golpearon a Lugo

A estas horas nadie duda del golpe de Estado parlamentario que sufrió Fernando Lugo, "el presidente de los paraguayos" que con la confianza del pueblo sólo pudo lograr pequeños avances ya que quedó enmarañado por las alianzas y los tejidos que hizo con las fuerzas de derecha para llegar al Palacio de Solano López.
La caricatura "legal" del Congreso más corrupto de América Latina para disfrazar el quiebre institucional no resistió a la presión internacional. Los disfraces se cayeron a pedazo apenas asumió el vicepresidente liberal Federico Franco.
Los partidos políticos paraguayos se volvieron a vaciar, retrocedieron, cedieron ante el poderoso entramado de los terratenientes y gerentes de las multinacionales del Agro. Es decir, Monsanto, Singenta y Cargill. Pero los políticos cedieron espacio público en beneficio de los sectores porque los senadores y diputados paraguayos no son dirigentes ni estadistas con convicciones ideológicas; son lobistas, socios, y pertenecen al 2% de la población propietario del 85% de las tierras paraguayas, algo así como 50 millones de hectáreas.
Claro, el ex obispo de San Pedro, llegó al Palacio bastante comprometido, sin estructura política, con el respaldo de uno de los partidos tradicionales como el Partido Liberal Radical Auténtico, (PLRA), que no solamente tuvo que darle la vicepresidencia sino varios ministerios y que como buena organización paraguaya es de derecha y tiene poco apego a la democracia. Basta recorrer su historia. Nacen con las legiones paraguayas que pelearon a favor de las tropas brasileñas en la guerra de la Triple Alianza y participaron en todos los golpes, y en uno de ellos, también fue víctima. Las traiciones y el formato de factoría no de país aún llevan en las insignias los dirigentes encumbrados del maravilloso país mediterráneo del sur de nuestro continente.
Con este panorama, el gobierno de Lugo no podía ser otra cosa que la expresión de la debilidad ante las clases opresoras de la sociedad, que nunca lo consideraron Presidente y apenas lo nombraban como "el obispo rojo". Pero Lugo tampoco pudo aprovechar el respaldo popular, nunca confío en las movilizaciones de los sectores que nunca lo iban a dejar solo, y lo mostraron en la fatídica tarde del viernes negro, cuando la sátira del juicio político sometido en pocos días terminó en su cantada destitución. No pudo, no quiso, no se animó; lo cierto que miles de jóvenes y campesinos esperaban en la plaza señales de liderazgo de un Lugo que se iba del Palacio, tranquilo con dos valijas en un automóvil a su casa del barrio Lambaré. El golpe había sido ensayado más de 100 veces en estos tres años de gobierno de la Alianza que no cumplió en llevar adelante la urgente reforma agraria que necesita Paraguay.
Esos jóvenes, esos campesinos, que sortearon todos los obstáculos y requisas que le interpusieron en las rutas para llegar a la plaza para fundirse con quienes todas las mañana bajan de la villa más grande de Paraguay, La Chacarita. Esa multitud estaba dispuesta a todo por defender a la democracia. Pero también los francotiradores que estaban apostados alrededor de la plaza, y que habían tomado posición días antes, estaban dispuestos a provocar una masacre. Paraguay siempre fue dulcemente violenta. (Parafraseando a Julio Cortázar).
Cómo, -entonces-, no recordar el golpe en Honduras. Cómo no pensar que algo está pasando, que hay una nueva receta para quebrantar las voluntades populares, para evitar que los pueblos de América Latina levanten cabeza; y que sigan siendo verdaderas factorías de los imperios. Y aquí, hay un llamado de atención, y los dirigentes tienen que estar alerta para advertir estas nuevas formas que utilizan cualquier traspié interno para encender la chispa golpista y propagarla por la región. Los ensayos de Hondura terminaron en Paraguay. Hay que apagar cualquier chispa para que no llegue el fuego al corazón del Unasur.
Qué casualidad, que el imperio deposite sus garras en Paraguay donde precisamente meses antes los ministros de defensa de los países de América Latina coincidieron en sus hipótesis defensivas. Qué casualidad que este golpe se produzca tras fracasar la propaganda para frenar la candidatura de Hugo Chávez en Venezuela, tras fracasar el lock out patronal disfrazado de reclamo de los trabajadores en Argentina, encabezado nada más ni nada menos que por el titular de la CGT, y el amotinamiento de los policías en Bolivia.

La masacre de Curuguaty
En Curuguaty, al este de la Región Oriental del Paraguay, a 200 km de Asunción, capital del Paraguay, se halla la estancia Morumbí, de unas 70 mil hectáreas, del terrateniente y dirigente del Partido Colorado, Blas Riquelme. Este conspícuo político de extracción conservadora tuvo relevancia durante la dictadura de Alfredo Stroessner, (1954-1989), donde además de asesorar al dictador logró amasar una inmensa fortuna. También fue aliado al general Andrés Rodríguez, -yerno de Stroessner-, quien ejecutó el golpe de Estado que derrocó al mismísimo suegro. Riquelme, fue presidente del Partido Colorado por muchos años y senador de la República, propietario además de varios supermercados y establecimientos ganaderos. Pero, no satisfecho con eso, su empresa Campos Morumbí S.A. quiso expandirse tomando tierras estatales bajo el artilugio de la figura de la usucapión:
El caso se trata de 1748 hectáreas que fueron donadas por la firma La Industrial Paraguaya al Estado Paraguayo en compensación de obligaciones que tenía esa empresa latifundista con el estado. Esa donación fue aceptada por decreto del Poder Ejecutivo, entonces a cargo del dictador Alfredo Stroessner en 1967. En el año 2004, el gobierno colorado de Nicanor Duarte Frutos, declaró de interés social a esas tierras y las transfirió en forma gratuita al INDERT (Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de Tierras) para que sean destinadas a una eventual reforma agraria.
El INDERT inicia una mensura judicial para determinar los límites, linderos y superficie exacta del inmueble. En ese mismo año, la empresa de Riquelme, inició una demanda judicial en el juzgado de Curuguaty, solicitando la usucapión de dichas tierras, alegando que la venía usando desde hace más de 20 años en forma continuada. El juzgado, sin realizar ninguna diligencia como pedir informes al Registro de la propiedad, al INDERT, a la Procuraduría o al Poder Ejecutivo sobre el estado legal de dichas tierras, en el año 2005, con una celeridad sin precedentes, dicta sentencia otorgando dichas tierras a Campos Morumbí S.A.; entonces, el Procurador General de la República, en 2005, interpuso una acción autónoma de nulidad en el juicio contra dicha sentencia, fundamentando que las tierras pertenecen al estado paraguayo y que se ha dictado sentencia sin que se le de participación ni notificación del juicio al estado paraguayo. La sentencia ordenaba la inscripción preventiva del inmueble a nombre de Campos Morumbí S.A. en la Dirección General de los Registros Públicos. La acción de defensa del estado paraguayo es rechazada por el juzgado de Curuguaty y dicha resolución es apelada ante la Cámara de Apelaciones. Pero el INDERT, quedó impedido para hacer los trabajos de mensura y amojonamiento del inmueble.
En la Cámara de Apelaciones, la Procuraduría General consigue que, aunque el juicio no sea anulado, la inscripción preventiva a nombre de Campos Morumbí S.A. sea levantada y anulada en los Registros Públicos en el 2010, quedando de nuevo el inmueble a nombre de La Industrial Paraguaya S.A, empresa que había donado el inmueble al estado paraguayo pero que por alguna razón no se había puesto el inmueble a nombre del estado en los Registros Públicos.
Por otra parte, el campo era tramitado por una comisión vecinal de campesinos sin tierra de Curuguaty y ante los reveses judiciales, decidió ocupar las tierras y sus integrantes comenzaron a levantar sus viviendas y cultivar. Entonces, Campos Morumbí S.A. promovió una acción judicial en Curuguaty para conseguir el desalojo de dichas familias, presentando al inmueble como si fuera suyo, pero el inmueble estaba en litigio aún. Sin embargo, la fiscalía y el juzgado de Curuguaty, sin verificar el propietario real del inmueble y el estado legal del mismo, dictó una orden judicial que ordenaba allanar el inmueble para requisar a los ocupantes, pero esa orden judicial se usó como una orden de desalojo.
En ese contexto, la policía preparó un operativo de desalojo con 300 efectivos, dirigidos por el Grupo Especial de Operaciones (GEO), una unidad de élite de la policía especializada en estos operativos. Y el día "D" llegó: El 15 de junio, a las 7:30 ingresó la policía. Se adelantó un grupo de efectivos al mando de sus jefes y es recibido por un grupo de campesinos de la ocupación para dialogar y negociar. Entablaron un diálogo. Los campesinos estaban armados con escopetas, foizas y machetes, pero la conversación seguía tranquila hasta que un jefe del operativo provocó, y ordenó a un campesino que le entregue su foiza. Al negarse, el jefe policial trató de desarmarlo y se generó una lucha cuerpo a cuerpo, en una acción absolutamente temeraria, imprudente y de impericia profesional. En ese momento, uno de los dirigentes campesinos presentes disparó al jefe policial Erven Lovera, jefe del GEO, y hermano del teniente coronel Alcides Lovera, jefe de seguridad del presidente Lugo, y se inició un tiroteo feroz donde murieron 6 efectivos policiales, dos de ellos altos jefes policiales y 9 campesinos, al que se agregaron otros campesinos cuyos cuerpos fueron encontrados en el monte donde se escaparon. En total murieron 6 policías y 11 campesinos, y 50 heridos.

(...)
De la Triple Alianza a los brasiguayos
El golpe a Lugo hirió a América Latina de una forma que pareciera poner a la historia arriba de la mesa hoy. A tal punto que desde aquella guerra vergonzosa donde el imperio británico unió a tres países hermanos para que se encarguen de matar al hermano menor, pero más honroso; Brasil y Argentina no tuvieron una oportunidad tan clara como la que presenta Paraguay para reparar lo sucedido en el Siglo XIX.
Sólo el compromiso regional y las presiones que pueden hacer los grandes de América Latina podrán colaborar con el pueblo paraguayo que a su manera defiende la democracia y se enfrenta al yugo histórico, y resiste a las imposiciones de una "selecta minoría local" y al imperio foráneo.
Miles de jóvenes, miles de campesinos, encabezan las marchas y las movilizaciones del pueblo que ganaron las calles contra quienes desde adentro de un Congreso totalmente deslegitimado, golpearon al país. Esos legisladores deberían ir a juicio político por poner en riesgo al país en el concierto mundial.
Este pueblo paraguayo que espera que Brasil no ceda a las presiones de los sojeros denominados brasiguayos, -hacendados de origen brasileño que cultivan más del 43% del área sojera paraguaya-, y cierre la frontera comercial para que entiendan que, como ellos tienen libertad para cultivar en suelo paraguayo el problema institucional del Paraguay es problema también de Brasil.
Este pueblo paraguayo que espera que la Comunidad Internacional admita lo que es vox populis, que las mafias paraguayas: Terratenientes cultivadores ilegales de marihuana y los personeros del agronegocio han derrocado a un presidente que fue votado por los paraguayos.

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Autor: Pedro Jorge Solans