Opinión

Fecha: Martes, 24 Enero, 2017 - 00:00

Los pueblos representan a la humanidad. ¿Y los gobiernos…?

Desde épocas tempranas al crearse “la mercancía” se dio nacimiento a lo que conocemos como sistema capitalista.
La función social del trabajo no desapareció, lo que desapareció es la continuidad, es decir la distribución social del trabajo.
Ese estado de cosas desvirtúa el concepto de “ser humano”; quienes tienen dinero explotan, esclavizan a los que no lo tienen.
La apropiación privada de los medios es contra una clase social, la clase obrera.
El homo sapiens -en vez de elevarse hacia formas superiores de vida- bajo el sistema capitalista involucionó.
Tenemos así hormigas obreras, abejas obreras, hombres y mujeres obreros.
Las hormigas y las abejas constituyen una sociedad animal, con códigos genéticos, cada uno sabe el papel que tiene en la sociedad.
El verdadero contenido social y humano que debió prevalecer se desvirtuó y se transformó en pueblos explotados y esclavizados por su misma especie.
Todo quedó reducido mediante una red, entretejidos y mecanismos creados por el capitalismo para explotar y esclavizar a los pueblos que componen lo que llamamos Humanidad.
Ese sistema está llegando a su fin, por un lado el sistema que hoy tenemos y que nos gobierna en unos 200 países de los 210 que se componen como países en la tierra, han llevado a la humanidad a límites intolerables.
La mayoría de los pueblos sometidos a una esclavitud permanente, se van rebelando.
La posibilidad que se da al mundo de que existen otras opciones y alternativas son hechos reales, de los que la humanidad va tomando conciencia.
En esta lucha entra lo viejo que muere y lo nuevo que nace, estamos todos involucrados.
La naturaleza dotó a esa nueva especie (el hombre) de dos virtudes, reproducirse (como producto de sí mismo) y la de pensar.
La suplantación de un sistema social primitivo y antihumano por otro más justo, social y humano.
El derecho a la vida, racional y consciente como futuro.
Ahora mismo en la televisión están pasando lo más insólito de lo que conocemos como desigualdades humanas, ocho personas poseen un capital tan enorme que equivalen a lo que perciben 3.600 millones de personas en el mundo, lo que equivale a un 50 por ciento de su población.
Juzguen ustedes mismos si esto se lo puede comparar con lo que llamamos humanidad.

Autor: Por Aron Berstein