Opinión

Fecha: Martes, 24 Enero, 2017 - 00:00

La carta que me escribo

Pronto cumpliré 91 años, hace pocos días falleció Fidel, a los 90.
El hizo la revolución, tenía todo el derecho a decirlo: “La historia me absolverá”.
El mérito de Marx -él lo dijo- no consiste en interpretar la historia de la filosofía, sino en cómo cambiar la historia.
En mi carta haré un análisis de mi vida, lo que a simple vista parece ridículo. Para mí no lo es.
Cuando la concluya pediré que me la despachen por correo, y a los pocos días la recibiré.
Algo así como mi propio regalo de cumpleaños.
Trato, cuidándome que mis condiciones físicas no me superen e impidan lo que durante muchos años vengo haciendo: “Escribir todos los días”.
Se amontonan al lado de la computadora, me dicen que, aún después que me vaya, las publicarán.
Los años no afectan mi mente, algunos errores suceden pues quedé casi ciego, no puedo leer, de dos años a la fecha, oigo poco.
Al no poder leer, imito a Luciano de Samosata en sus “Diálogos con los muertos”.
No hice ninguna revolución (aunque participé de todas)
No tengo que pedir que la historia me absuelva.
Mi carta a mí mismo tiene un destino que es mi conciencia, y quisiera que ella -mi conciencia- no tenga nada que reprocharme. La vida de un pobre que eligió ser revolucionario está plagada de dificultades e impedimentos.
La vida para mí es una revolución infinita, por eso cuando me vaya, será una sinfonía inconclusa.
La historia del futuro no está escrita.
Cuenta la mitología griega que uno de sus reyes (quizás Aquiles), solo pudo ser vencido cuando se logró separarlo del suelo (de los pueblos).
El futuro nos pertenece.
El capitalismo no pasa de ser “un periodo histórico” de la sociedad humana.
Fue una estrella, hoy se consume a sí misma.
Si ganamos como humanidad y logramos la paz en el mundo, tendremos un nuevo mundo y a un nuevo hombre.
Tengo la convicción de que esto ocurrirá, por eso me envío a mí mismo, una carta de “Felicitaciones por mis 91 años”.
Mis deseos que mientras viva y pueda, continúe escribiendo.

Autor: Por Aron Berstein