TURISMO REGIONAL Sudoeste bonaerense

Fecha: Martes, 12 Febrero, 2019 - 00:00

Entre lo extinto y lo actual

La Reserva Provincial Pehuen Có - Monte Hermoso resguarda yacimientos de huellas de fauna extinta y es área poblada de especies actuales. A 100 kilómetros, una naturaleza para valorar y conocer.

El verano nos da tiempo para descansar, y hacerlo en la localidad próxima de Pehuen Có está al alcance de muchos habitantes de Bahía Blanca. Un excelente plan familiar es realizar la visita a la Reserva Provincial Pehuen Có- Monte Hermoso. Por la bajada de El Arbolito se puede ver el cartel que anuncia el ingreso al lugar, de ahí en más un buen ojo o una guía especializada pueden develar los misterios de hace 12.000 años.

Sombrero y vamos
“Unos metros más adelante se encuentra el cartel que dice Reserva Provincial, esta área se extiende por 7 kilómetros, los primeros 2 kilómetros abiertos, lamentablemente, al tránsito vehicular y los últimos 5 cerrados por un alambre, donde permanece lo que llamo la parte intangible de la reserva y se puede ingresar únicamente caminando y sin mascotas”, cuenta Daniela Cardillo, quien realiza las guías de las visitas al lugar desde hace 10 años. El recorrido está condicionado por la marea, para lograrlo la marea debe estar baja, y la misma se va corriendo día a día con una frecuencia de 45 minutos a una hora. “La información sobre los lugares que visitamos están accesibles en diferentes medios, internet, revistas, libros; un guía local te puede contar sus vivencias personales, las historias de la reserva”, apunta.
El área protegida se creó en el año 2005, el primer curso de guías se dictó en 2008 y en julio de 2009, a casi 5 años de la puesta en valor de la reserva, los vehículos aún circulaban y acampaban, iban de Monte a Pehuen Có o al revés. Por la playa, la circulación es de 17 kilómetros contra los 100 si se va por las rutas habilitadas, ya hace un tiempo se reparó el camino de La Soberana, que une ambos puntos en 52 kilómetros. “La gente estaba acostumbrada a ir por la playa, fue muy difícil frenar el tránsito vehicular, también creo que por desconocimiento de los tesoros naturales”, de ahí la decisión de alambrar el yacimiento que estaba a la vista, “a la gente le resulta chocante que haya un alambrado en la playa, recuerdo a Teresa Manera- paleontóloga que trabaja en la preservación del lugar- que me decía que lo veía antinatural, un alambrado que empieza en el mar y termina en los médanos, y más dentro de una reserva”.

Allá y acá
Una vez comenzada la caminata, los médanos, el mar, el aire, el sol dejan entrever su natural comportamiento. “En este tiempo, se destaparon y se destaparon muchos yacimientos, esto sucede continuamente por la dinámica costera”, explica la guía. Las huellas que se encuentran a la vista antes del alambrado son difíciles de encontrar, “me imagino a alguien que va al museo y ve las huellas gigantes de megaterio, las del folleto o las que están al ingreso y en el yacimiento no se ven así, por eso a veces la gente va buscando algo que tiene en mente y lo que se ve es muy distinto”. La caminata incluye la ida y la vuelta, en verano hay muchas familias que hacen la visita con pequeños, que están llenos de preguntas y entonces la visita guiada es para ellos. “Recalco que no es solo una visita a las huellas, también se ven diferentes especies de cangrejos, les enseñamos a distinguir huellas de una marca de agua, vemos plantas e imágenes de la flora que existía antes, nos sentamos y charlamos acerca de la importancia de los médanos”. Los grupos que se forman a la hora de realizar la caminata suele ser la marca de identidad sobre lo que se charlará, porque se responde a los intereses de los visitantes. La distancia son 3 kilómetros para ir y luego, para volver, “las huellas que se están viendo este año se encuentran en un radio de 2 kilómetros, dentro del alambrado hay más yacimientos para visitar, y eso conlleva unos kilómetros más”. La visita toma el ritmo de los participantes, sin apuros, un disfrute de arena, playa, aves y hallazgos. Por eso, es apta para niñas y niños desde 3 años o una persona de 80 años, aunque no hay límites de edad para cualquier persona es un recorrido muy tranquilo.

Especies y ambientes
La Reserva contiene huellas de megafauna extinta, que data de 12.000 a 10.000 años de antigüedad, y de fauna que actualmente existe pero que dejó su marca en aquel tiempo. En el caso de la fauna extinta, se destaca la presencia de megaterio, el caballo americano, la macrauquenia, la paleolama, el cliptodonte, que fueron megamamíferos. “Este ambiente era de laguna, el mar estaba retirado 100 kilómetros, lo que nos indica que era fondo de laguna, los animales venían a tomar agua y dejaban sus pisadas. Es la presencia de ondulitas y dietas de secación”. Hay registros del paso de maras, guanacos, ciervos y ñandúes.
La permanencia de estos registros están bajo diferentes denominaciones, una es el pisadero, huellas desordenadas en distinta dirección, en gran cantidad, y otra, es la rastrillada o caminata, están conformadas por tres huellas o más, periódicas, que marcan una dirección. “Si hacemos un corte transversal del yacimiento, vamos a ver algo parecido a un marroc, distintos estratos de diferente color, arcilla, arena, arcilla, en cada uno de esos estratos es posible distinguir huellas”. Hay unos tubos muy curiosos, huecos, son fósiles que se ven como rocas, “entendiendo que fósil es cualquier rastro que deja un animal que actualmente está extinto”. Estos tubos se formaron hace 6.000 años por la acción de unos crustáceos de la familia de los callanásidos, semejante a cangrejos de cola larga, estos vivían en galerías dentro de estos tubos, uno de los yacimientos que está destapado luce galerías in situ. “En aquel tiempo el mar estaba en el actual ingreso a Pehuen Có, hace 3.500 años aproximadamente se registra una aridización, el mar se retrae al nivel que tiene ahora, y entonces se descubre el fondo de océano que es donde estaban estas galerías”.
La cantidad de huellas fosilizadas que deja ver la Reserva varía año a año, “esta temporada se puede visualizar una seguidilla de 3 a 4 huellas de macrauquenia, dos huellas al lado, más chiquitas, que nos gusta imaginar que era la cría”. Se ven rastrilladas bastante largas de guanaco, ciervo y ñandú; en otras temporadas se han visto rastrilladas de megaterio, ciervo, guanaco, también de pájaros, chorlitos, teros, aves todas de laguna. “Hay muchísimas huellas de mamíferos, muchos de ellos conformadas por fósiles, como es el caso de la macrauquenia, era un animal con la altura de un camello, de 2,60 metros, trompa de tapir, y la huella tenía 3 dedos, se originó en América del Sur y se extinguió en el mismo continente. Por eso decimos que es el animal más latinoamericano, no dejo parientes vivos”. El animal fue tomado por el Museo Charles Darwin, de Punta Alta como símbolo.

VISITAS GUIADAS
Es posible pedir datos de las visitas guiadas en el Museo de Ciencias Charles Darwin, en Punta Alta o en la Sala de Interpretación Paleontológica “Florentino Ameghino”, esta última ubicada en San Martín y calle 4, en la localidad balnearia.

Autor: Redacción EcoDias