Conferencia de Josefina Semillán de Dartidelongue Educación
Fecha: Lunes, 28 Noviembre, 2011 - 20:59En tiempos de redes
“Para pensar hay que tener ganas
de vivir”, aseguró la filósofa Josefina Semillán de Dartidelongue, frente a un
numeroso auditorio en el Cine Teatro Plaza, en la conferencia organizada por la
Fundación OSDE. “Cambios culturales, nuevos estilos de comunicación y
relaciones intergeneracionales” fueron los tópicos combinados con un análisis
polémico de nuestra era, los vínculos personales, el trabajo y la
educación.
En su última actividad del año la Fundación OSDE cerró con un evento a la
medida de las charlas y conferencias que acercó a la ciudad durante este 2011.
"Cambios culturales, nuevos estilos de comunicación y relaciones
intergeneracionales", fue la conferencia brindada por Josefina Semillán
Dartiguelongue y que en parte compartimos en EcoDias.
Josefina Semillán Dartiguelongue es filosofa, especialista en Antropología
Filosófica y Filosofía Social, profesora de postgrado en la Facultad de
Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires y del Área de Pediatría y en
el posgrado de Ética y Gerenciamiento de Salud en la Universidad Favaloro.
Son muchas las organizaciones e instituciones, oficiales y privadas, del país y
del mundo, que la convocan para disertar sobre la educación, la salud, la
problemática de la mujer.
Fue presentada por Alfredo Fauda, gerente de OSDE filial Bahía Blanca, quien
antes de hacerlo formalmente y darle lugar a la invitada, dijo unas breves
palabras de especial agradecimiento. “Estas actividades que han sido muchas en
este año, todo se hace gracias al esfuerzo de muchas personas. A la gente que
hace OSDE todos los días, a mis compañeros. Ochenta personas que hacen OSDE,
que hacen lo que tienen que hacer y un poquito más, y esa es la clave de cuando
uno quiere pensar en un país distinto”. Agradeció asimismo “a las instituciones
y las empresas que también colaboran con todas estas actividades”.
En una conferencia llena de humor, plasticidad y discurso claro, brindada en la
sala del Cine Teatro Plaza, a pleno, Josefina Semillán Dartiguelongue planteó
algunos cambios culturales significativos, a fin de poder comprender los nuevos
estilos de comunicación y su incidencia en las relaciones intergeneracionales.
La especialista aseguró que “somos palabras: un cuerpo es una palabra, aunque
esté quieta, callada y muda, un rostro habla aunque no emita sonidos, unos ojos
imploran gritan piden consuelo y abrazo, detestan y odian, lanzan rayos y
centellas aunque no estén haciendo nada”. Hay que dar cuenta así de lo no dicho
porque es lo que invalida lo que se dice. Semillán se dedica a la Antropología Filosófica
y la Filosofía Social. Actualmente, dicta el posgrado en la Facultad de
Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Área de Pediatría y en el
posgrado de Ética y Gerenciamiento de la Salud en la Universidad Favaloro.
Asesora a instituciones sobre educación, salud y la problemática de la
mujer.
Ánimos de vuelo, hipocresía académica y piso vincular describen sus líneas de
análisis en relación con los más jóvenes. Rescata el concepto de aldea global
propuesto por Marshall Mc Luhan, para describir un mundo conectado, esta
realidad “nos hace tener que pensar que es indispensable ver cómo se enhebran
los vínculos entre jóvenes y adultos”.
Saber vs. ignorancia
Contundente y lógica la autora afirma que “la ignorancia es creer que se
sabe; cuando el refinamiento es feroz, la persona inteligente puede percibir e
intuir cuáles son las debilidades y los temblores que tenemos en estado
latente, a una percepción aguda no se le escapa”, pero captar el dolor ajeno
nos pone a equidistancia entre solidaridad y cinismo. Una postura ayuda y
provee lo que se necesita sin necesidad de mendigar, en cambio, “el tono
cínico, en sorna o despectivo, desdice el sentido de lo que digo; es un
encubrimiento conceptual, tiene una tonalidad que veo como deshonesto y
corrupto”.
Mientras que a muchos les preocupa el coeficiente intelectual, “lo importante
es lo que hacemos con él, ya que no hay destrucción académica que conozco más
feroz que la soberbia intelectual, porque en el momento que alguien cree que
sabe ahí murió, pero en la cátedra, es un muerto con un rol específico”.
Respecto a la metodología pedagógica se pregona el esfuerzo, “pero la
estimulación es una herida”. Entonces cuestiona los dichos cotidianos: “Ud.
puede más, no estoy conforme y está bien pero le falta mucho” como comentarios
que lastiman. “Hoy lo que falta en Occidente es que nos reconozcamos los unos
con los otros, es la ternura de ‘En esto vales’, ‘En esto me haces mucho bien’,
‘En esto tenés una mirada lúcida’, (o también) ‘En esto me podés lastimar
fuerte’. La lucidez que se transforma en daga hiere, la lucidez que acompaña
para poder decir con ternura lo que nadie se anima a decirnos y todos lo
piensan, ayuda”.
Crecer vs. circular
Los paradigmas cambiaron, aunque los ejes tiempo y espacio se conservan.
Fuera de moda quedaron las relaciones piramidales. Sin arribas ni abajos: “Crecer
ahora se dice circular, ya no es ascender, nadie cree que ascendió y ve desde
el borde la pirámide a la pobre base. En las instituciones se dice ‘Cuidado no
sigan pensando, que las bases están irritadas’. Hoy esto indica un franco
cambio, la madurez tiene que ver con ser digerible, estar a punto exacto, para
ser una fiesta con el otro”. La persona más preparada es la que ha
experimentado diversidad de trabajos, ambientes y personas.
Estas rivalidades antiquísimas se invalidan aún más en las instituciones
educativas, frente a “el ‘Ya te vas acordar de mí en marzo’, como un golpe de
poder del docente. El problema es que si amenazo dejé de convencer, si dejé de
explicar es porque se me acabaron los recursos”. La filósofa describe la
situación entre alumnos y docentes como “somos info docentes con info alumnos,
pero hemos nacido en épocas en que para nosotros lo info es adquirido y para
ellos es nativo. Estas nuevas técnicas de comunicación ponen en lugar el
nosotros, nos ponemos en ronda: somos pares en dignidad”.
En lo que se refiere a la educación en su sentido más amplio, “tenemos que
resignificar nuestras experiencias, que no aparecen como dato en ningún libro:
haber visto, amar y sufrir, y por lo tanto que es lo importante a olfato.
Modelo que hay que tomar para poner límites a los hijos”. No consiste solamente
en prohibiciones sino también en acompañamiento mediante intuiciones y
sentires. Un padre dice a sus hijos que “veo datos, formas de proceder que no
me gustan, estoy atento a un peligro porque sos lo que más quiero”: esto
constituye un sello reflexivo para el adolescente.
Transcurrir vs. vivir
Las preguntas sobre la vida son siempre las mismas: por qué a mí, por qué
hoy, por qué así, surgen incluso antes de la pérdida de la conciencia, y
también son las más difíciles de responder para los humanos. Es en ese último
minuto que la vida se resignifica: “Si uno tiene ternura histórica, puede
atesorar fotos y objetos, no como patrimonios sino como verdaderos tesoros
significativos, que nos aporten”.
Mientras que los jóvenes atienden y clickean en la pantalla, los adultos eligen
mirar la pantalla arriba, abajo y eligen qué leer. “Navegar es mantener la
línea de flotación” en las acciones de los jóvenes, “nosotros fondeábamos,
ahondamos, profundizamos, argumentamos”. En este punto, Josefina postula que
“nadie es culpable ni meritorio de la época en que le tocó nacer”. Los problemas
y desencuentros entre ambas generaciones se demuestran en varios ámbitos, en
las escuelas y en las empresas. “El asunto es la complementación, en muchas
empresas existen problemas graves de trabajo y ritmos. Combinar la velocidad y
el reposo, juntos dan sabiduría, la inquietud y el criterio dan experiencia. La
velocidad sola es choque, la lentitud es involución”. Para vivir y lograr
cambios hay que comunicarse con autenticidad, aunque lo principal, es hacerlo
con pasión.


