Mejoramiento habitacional Economía social
Fecha: Lunes, 19 Diciembre, 2011 - 18:19En camino hacia la política pública municipal
El día 13
de octubre, luego de muchas semanas de idas y vueltas, de reuniones e
intercambios, se concretó finalmente un paso importante en el largo camino de
comunidades barriales y organizaciones sociales en el trabajo por una vivienda
digna.
Si bien pasó desapercibido, ese día el Concejo Deliberante de Bahía Blanca
aprobó por unanimidad la modificación de la Ordenanza 15991 de diciembre
de 2010. Esa Ordenanza había creado y dado marco legal a un Programa, denominado
Banco de Materiales, a través del cual se generaba un fondo de créditos para
mejoramiento de viviendas a partir del aporte financiero inicial del Estado
Municipal.
La importancia radica en que, de alguna manera, se concretó el anhelo de sectores
importantes de la sociedad de que el municipio en tanto Estado se involucre de
manera activa en acciones organizadas y perdurables vinculadas al hábitat
popular. Dicho de otra de manera, es un paso más para que la práctica de las
organizaciones sociales se constituya progresivamente en una política pública.
Desde las organizaciones -Cáritas, Acción Bahiense Comunitaria, Asociación
Civil Ser Comunidad- se viene insistiendo largamente en este punto, sobre todo
señalando que el déficit habitacional de la ciudad puede reducirse no sólo con
la construcción de viviendas nuevas sino proporcionando herramientas accesibles
para que los sectores populares, de manera organizada, concreten mejoras progresivas
en su vivienda, y por ende en su calidad de vida.
Curvas y contracurvas en el camino
El recorrido se inicia en el año 2000 cuando, desde el entonces Consejo
Distrital de Políticas Sociales, Cáritas junto a organizaciones como ABC y la Federación de
Sociedades de Fomento formulan y llevan adelante el Programa Construyendo entre
todos. Esta constituyó la primera experiencia de fondos rotativos de crédito
financiado por fondos públicos (Programa de Desarrollo Local, del Consejo
Provincial de la Familia
y Desarrollo Humano, Subprograma “Desarrollo comunitario”). El mismo fue
complementado con un aporte (del 30 por ciento) por parte de la Municipalidad de
Bahía Blanca.
Las organizaciones, con grados de desarrollo, continuidad e impacto diverso,
continuaron trabajando en esta línea.
En diciembre de 2007, previo a asumir su cargo, se mantuvo una reunión con
quien sería el secretario de Promoción Social municipal. Allí se planteó la importancia
de trabajar sobre el déficit habitacional desde una mirada diferente,
incorporando la práctica y experiencia barrial de las organizaciones en este
sentido. Se puntualizó sobre la experiencia de los Fondos Rotativos de crédito
para mejoramiento de viviendas.
Durante los casi cuatro años transcurridos, fueron continuas las gestiones, presentaciones,
fundamentaciones y discusiones, con concejales y funcionarios, la mayoría de
ellas en el seno de lo que se denominó Subcomisión de Vivienda del CLES
(Consejo Local Económico y Social).
Del fondo de emergencia al fondo rotativo de créditos
Para el año 2010, finalmente, el Concejo Deliberante aprueba, en el marco
del Presupuesto Municipal 2010, una
partida destinada a emergencia habitacional, sin especificaciones ni
pautas de ejecución de ningún tipo.
La discusión a partir de allí se centró en la metodología de aplicación de estos fondos que, demás esta decir,
es expresión de una concepción política del trabajo en esta temática.
En un inicio la intención fue que el municipio maneje un fondo de emergencia,
centralizado en una oficina municipal.
Fue importante y arduo el ejercicio de plantear aspectos no tenidos en cuenta,
centrales para las organizaciones. Algunos de ellos eran: la descentralización;
la inserción territorial; la participación activa de organizaciones sociales en
la toma de decisiones; el acuerdo acerca de los criterios de priorización de la
demanda; el trabajo desde el crédito y no desde la ayuda o subsidio; la figura y
rol activo de los promotores barriales; la organización comunitaria; la
capacitación de todos los actores; el monitoreo y evaluación; la continuidad
del financiamiento; la asistencia técnica
Todo el año 2010 transcurrió con el debate de estos aspectos, a los que se
sumaron otros de índole más práctica, como la participación del Estado Municipal
con sus dependencias y cuadros técnicos, temas administrativos, etc.
El final de ese año nos sorprendió con la legitimación -parcial- de este
proceso con la aprobación de una Ordenanza, la 15991/10. En la misma,
motorizada desde el Ejecutivo, se daba
carácter de ley al proceso iniciado,
pero aún con muchas aristas por pulir.
En los términos de la
Ordenanza se establecía claramente la centralidad del
Municipio en la gestión y administración del proyecto. Las organizaciones, a
partir de la experiencia de trabajo barrial, fueron evaluando este aspecto como
una dificultad para el desarrollo de las acciones. Es así que se comenzó a
trabajar en una modificación que permitiera y legitimara un manejo
descentralizado en lo operativo, contemplando la ejecución diferenciada por
organismos municipales (como las Delegaciones) o por organizaciones con
experiencia en el tema. A su vez, se planteaba continuar en un trabajo conjunto
y articulado, que contemplara aspectos de monitoreo y evaluación permanente.
Deuda pendiente. Concesiones para avanzar.
En el proceso de discusión de los aspectos metodológicos de la
implementación hubo un punto crítico. El municipio terminó de clarificar, no
con palabras pero sí con hechos, la escasa o nula convicción de trabajar el
mejoramiento habitacional a través de un Programa donde la organización
comunitaria, la inserción y el trabajo con protagonismo de actores barriales
fueran elementos centrales. En este punto las organizaciones hicimos una
opción de “mal menor”, decidiendo continuar el camino hacia la financiación de
los fondos rotativos y resignando lo que en principio había sido un objetivo
importante, es decir, la manera de
trabajar los fondos.
De esta manera, se abandonaron las mesas de trabajo y acuerdo sobre metodología
para apuntar exclusivamente a la gestión, sobre todo con concejales, de la
modificación de la Ordenanza.
La consecuencia probable de esta decisión era que los fondos
que administrara el municipio terminaran administrándose bajo la lógica del subsidio
o la emergencia, dejando de lado una muy buena posibilidad de dar un paso
superador en el trabajo sobre la problemática de vivienda.
¿En qué consiste la modificación?
En este punto cabe aclarar que el trabajo con fondos rotativos de crédito
para mejora de viviendas es llevado adelante por Cáritas desde hace varios
años y en la actualidad en los Barrios Miramar, Bajo Rondeau, Caracol y Stella
Maris y en experiencias parroquiales como las de Ntra. Sra. de Luján, La Piedad y Ntra. Sra. de
Lourdes, en Bahía Blanca, y en Ntra. Sra. del Carmen de Patagones.
La Ordenanza
tal cual estaba formulada, si bien constituía un buen avance, no contemplaba la
dinámica particular de las organizaciones comunitarias y barriales para llevar
adelante este tipo de trabajo.
Más allá de estas “resignaciones”, la modificación recientemente aprobada permite
un manejo administrativo más sencillo y directo, acorde a las posibilidades de
las organizaciones y permitiendo el protagonismo de los promotores barriales.
El financiamiento tendrá el formato de subsidio a las organizaciones, para la
creación o refinanciamiento de Fondos Rotativos.
La subcomisión de Vivienda del CLES funcionará como Autoridad de aplicación del
programa y es aquí donde, en adelante, se evaluarán las acciones y se decidirá el
destino de los fondos que cada año se presupuesten, considerando también la
aplicación a nuevos barrios y la inclusión de nuevas organizaciones.


