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De visita
El recorrido por las salas y la Cocina se renueva este año con la incorporación de 200 años/ 4 objetos. "Leé el mundo en un objeto del bajo mesada", desafían desde el Museo whitense a estudiantes y visitantes que deseen recorrerlo.
Categoría: Cultura

El recorrido por las salas y la
Cocina se renueva este año con la incorporación de 200 años/ 4 objetos.
«Leé el mundo en un objeto del bajo mesada», desafían desde el Museo
whitense a estudiantes y visitantes que deseen recorrerlo.

«La historia es una construcción colectiva y cotidiana. En esa
construcción intervienen además los discursos todos los demás objetos
materiales que conocemos», explica el folleto. En 4 objetos y 4 estaciones
en una línea de tiempo desorganizada que impone lecturas sobre la historia de
la ciudad, el Puerto Viejo del desembarcadero y la Fortaleza hacia el Puerto
Inglés en su muelle de hierro y la ciudad moderna, el Puerto Estatal en la
ciudad industrial hacia el Puerto Multinacional con el muelle multipropósito en
la ciudad de hoy. Y todo contado por una botella de aguardiente, una caja de
té, una lata de aceite lubricante YPF y una botella de aceite.

El mundo en una botella

Una botella de aguardiente, hecha de barro cocido, permite abordar el período
1828 al 1885, hacerse preguntas en torno al puerto viejo, la Fortaleza
Protectora Argentina y los llamados “indios amigos”. Pero también «con ese
objeto una visitante recordó un recurso de su infancia: usar esa misma botella
rellena con agua en lugar de bolsa de agua caliente, para poner en la cama y
calentarse los pies en invierno».
También es parte de la muestra la botella actual de aceite Cocinero. «Ahí
una mamá le mostraba a su hija los cambios que en 30 años ella misma había
visto en el envase, la etiqueta y los modos de uso de ese elemento en la
cocina. Antes, como era de vidrio, había que tener mucho cuidado de que no se
rompa. Y la abrías así ¿ves?, agujereando la tapa con la punta de un cuchillo”.
De esta forma y junto a los propios relatos es posible pensar la historia como
una pregunta, una anécdota familiar y un tiempo compartido y vivido entre
trabajadores, jóvenes estudiantes o ciudadanos. La memoria es, también, un
trozo de territorio, simbólico y complejo.

Pensar lo nuestro

La historia no se concibe como algo estanco, una materia dada, un relato único.
Es una experiencia vital y material que involucra todo el cuerpo y se inscribe
en los objetos descritos. «Interpelar el entorno, interrogar las cosas que
han sido usadas en distintos momentos y contextos permite reconocer momentos
precisos y sujetos concretos de la historia del puerto y el país, más allá de
los relatos y discursos de los manuales escolares», suma la Profesora
Milagros Bilbao. Lo que sí se impone es la interrogación: qué nos dicen los
objetos si los interpelamos con detenimiento o ayudan a entender algo del
presente. Por eso, el desafío está centrado en «descolocar-
desnaturalizar», dejar que los objetos nos cuenten y contarlos.
La vista, el olfato, el tacto, el gusto intervienen en el conocimiento,
construyen un saber perecedero e inquietante. Los cinco sentidos se ponen en
alerta y son necesarios para abordar la muestra 200 años/ 4 objetos, que
propone un recorrido por las salas para construir un espacio de aprendizaje
colectivo. Los visitantes del fin de semana pueden decirlo aún mejor, después
de recorrerlo y saborear un chocolate con una porción deliciosa de torta, quién
puede olvidar los colores de las paredes de la Cocina, los manteles, los
repasadores, el pizarrón colgado en la sala o los objetos que rodean el
ambiente.
Cuáles son las «marcas» que podemos leer en los objetos cotidianos,
más allá de los expuestos. Este proyecto además no se agota en la propuesta del
museo: la idea es favorecer la construcción de herramientas metodológicas para
que los chicos de cada escuela, los docentes o los visitantes puedan leer en
sus zapatillas, barritas de cereal, celulares o jeans, algo de la historia
argentina, la economía, las vinculaciones entre estos objetos y el mercado
mundial. «Se trata de desnaturalizar el entorno y sus cosas, de pensar que
historia es todo lo que nos rodea y que transformarla también está en nuestras
manos», agrega Bilbao.
Una jornada de visita es una celebración, un intercambio con una dinámica
construida entre todos los participantes. Implica compromiso y responsabilidad
por parte de los adultos y de los jóvenes, en un pacto negociado para aprender.
Los saberes adquieren diversos sentidos, entre pares, entre otros enseñantes
que no pertenecen a la escuela. La palabra del conocimiento brota de cada una
de las bocas de los involucrados, sea en un grupo escolar o en una familia.
Todos son dueños de esa vivencia, con idéntica autoridad. Y desde la
construcción de pilotes se escucha: «¡Vení al museo! Entender que la historia
es todo eso que está cerca, hace pensar que es posible indagarla, y
transformarla».

Museo del Puerto de Ingeniero White

Se pueden solicitar visitas escolares: Teléfono 4573006
De lunes a viernes de 9 a 13 hs.
Abierto al público general
Sábados y domingos 15.30 a 19.30 hs.

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2014-05-26 08:09:00
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