¿Qué necesita Argentina?
No dudo
de las buenas intenciones de Aron Berstein, pero disiento con su nota publicada
en EcoDias Nº 386, titulada “Argentina lo necesita”, que me recuerda el
desarrollismo frondicista, el que llevó a los contratos petroleros que debió
anular Illía, a la “camionización” del transporte de cargas, al Plan Larkin de
eliminación de los ferrocarriles, al deterioro de la enseñanza pública, común y
laica en favor de la privada, etc.
En su nota, Berstein expresa, en cuatro ocasiones, su disconformidad con las
discusiones sobre el desarrollo del Puerto de Ing. White, para terminar con un
extraño pedido que prioriza el orden: “Señora Presidenta, venga cuanto antes,
nos traería orden y paz en la casa…”. Por lo visto, identifica diferencias de
opinión con desorden, haciendo necesaria la intervención providencial de “otro
nivel” para volver las cosas al cauce normal, en detrimento de la salutífera
confrontación de ideas. En mi opinión, la incipiente democracia que tenemos
debe fortalecerse en base a más discusión, que lleve a decisiones fundamentadas,
atentas en primer lugar a la salud de los vecinos, a la conservación de los
recursos naturales y a una distribución equitativa de la riqueza generada.
Además, propone un complejo portuario que arranque en Gral. Cerri y llegue
hasta Puerto Belgrano “e islas adyacentes” (¿se referirá a las de la Reserva Natural Bahía Blanca,
Falsa y Verde?). De realizarse, arrasaría con cuanta vida existe hoy en nuestro
estuario, brindando una salida privilegiada al negocio agro-exportador, a la
urea de Profértil basada en gas metano que pagamos tan caro, al potasio que le
regalamos a Vale junto con cantidades enormes de agua y metano, etc., con muy
poco provecho para Argentina. Pareciera que no distingue entre crecimiento
(sinónimo de “más”) y desarrollo (que significa “mejor”).
También hace referencia a posibles convenios con el comucapitalismo chino,
ofreciendo extensiones enormes al extranjero, en lugar de ponerlas al alcance de
la multitud de arrendatarios y pequeños chacareros argentinos que han debido
migrar a las ciudades por falta de incentivos para una producción agropecuaria
que conserve el suelo y sea rentable.
Berstein incurre en cargos confusos acerca de intereses que estarían detrás de
acciones que “pintan” bien (sic); “científicos” pagados para favorecer
determinados intereses; ambientalistas empeñados en preservar la vida de 100
gaviotas y 100 cangrejos; y sugiere acríticamente “soluciones modelos” logradas
en escenarios totalmente diferentes al de nuestro estuario, como Cuba y
Holanda, que “tienen planteados los mismos problemas”.
En mi opinión, lo que Argentina necesita es alejarse de la idea neoliberal de
crecimiento a como dé lugar y su “derrame” futuro de beneficios, cuando rebalse
el cuerno de la cornucopia. Sucede que tal rebalse jamás se produce, pues por
debajo del borde superior de ese cuerno hay tuberías que desembocan en los
bolsillos de los poderosos. Esto explica que, en plena expansión y aumento del
PBI, tengamos aún 30 por ciento de pobres e indigentes.

