¿Dónde estábamos en diciembre del 2001?
Haciendo
un repaso de aquellos días, recuerdo que en el 2001 me encontraba:
1. al frente de la organización social de la iglesia católica para la diócesis
local, que abarcaba 75 centros de la región sudoeste de la provincia de Buenos
Aires;
2. militando en el FreNaPo (Frente Nacional contra la Pobreza) a partir del
cual se movilizaron los argentinos en una votación histórica por el Seguro
Nacional de Empleo y Formación y la cobertura para los pibes y ancianos sin
prestaciones;
3. intentando hacerles ver, junto a dirigentes de la Región Patagonia-Comahue,
a parte de la cúpula nacional del Episcopado argentino, que el país se
incendiaba y que había que ponerse firme del lado de los pobres, para que no
les transfirieran las consecuencias de la crisis;
4. participando del histórico escuelazo, en Bahía junto a unos 15.000 bahienses
que partimos de cada una de las escuelas donde teníamos a nuestros chicos hacia
la plaza central, y a nivel nacional con una multitud entrando en Plaza de Mayo
al grito de “A vos te queda poco Chupete botón”;
5. junto a amigos apoyando algunos Clubes del Trueque, compartiendo compras
comunitarias a granel y fraccionando alimentos para tratar de llegar a fin de
mes;
6. trabajando como docente y en diversos proyectos de sostenimiento de la
difícil realidad social de miles de familias de la Región.
Lo que sucedió el 19 y 20 de diciembre de 2001 lo veíamos venir. Y lo planteamos
en una reunión en Buenos Aires el 10 de noviembre de ese año a quienes después
terminaron impulsando el Plan Jefes de Hogar a la sombra de Duhalde. La
pregunta de un dirigente nacional fue: “¿Qué significa que el país se
incendia?”. Y entre varias respuestas, una compañera bahiense planteó cuál sería
nuestra postura cuando nuestra gente saliera a la calle a buscar bienes en los
supermercados. Las miradas eran atónitas: el estar al lado de los postergados
de siempre te da una mirada que te permite anticiparte a lo que se viene pero
no te da la posibilidad de decidir sobre lo que se viene.
Cuando el pueblo salió a la calle, ejerció una verdadera rebelión popular
diciéndole basta al poder económico y político concentrado. La respuesta fue la
represión despiadada y decenas de personas cayeron muertas impunemente en esos
días ante el dolor y estupor de quienes nos enterábamos por las imágenes
televisivas. Por la mañana, ante algunos rumores, fui hacia la sucursal de un
supermercado céntrico que se encontraba protegido por policías, viendo a varias
personas que buscaban replicar la situación que se daba sobre todo en el
conurbano bonaerense y en las grandes ciudades argentinas. La situación no pasó
a mayores pero la bronca contenida se manifestaba de esa manera.
Después vinieron las Asambleas Populares -participé de la que se reunía en
Plaza Rivadavia-, el “Que se Vayan Todos” y las maneras democráticas sin
representación de organización que buscaban canalizar la expresión popular. A
lo lejos se ve que no hubo una fuerza política capaz de aglutinar y empujar las
demandas del pueblo, para la conformación de un gobierno que representara los
intereses de esas mayorías excluidas. Y los poderosos se reagruparon y pudieron
contar, a partir de la figura del Presidente Interino, con un defensor de sus
intereses y privilegios: la pelea entre los defensores de la dolarización y los
de la devaluación se había dirimido a favor de éstos y Duhalde defendería el
enorme incremento de la rentabilidad de los sectores exportadores en detrimento
de la pérdida del poder adquisitivo del salario de los trabajadores. Y
cualquier intento de lucha sería reprimida sanguinariamente, procesando a miles
de luchadores sociales que peleaban por mejores condiciones de trabajo: la
masacre del Puente Pueyrredón-Estación Avellaneda que terminó con las vidas de
Kosteki y Santillán sellaría para siempre la suerte del Interino que deseaba
continuar en el poder.
El pueblo en la calle, en aquellos días de diciembre de 2001, tuvo la
particularidad de expresar en la lucha, históricas reivindicaciones políticas,
sociales y económicas, que los gobiernos sucesivos no han dado aún respuesta,
por lo que se encuentra latente y presente en la retina de ese pueblo, esa
experiencia inconclusa que, si bien trágica, permite avizorar que es posible
seguir organizándose para defender los intereses del pueblo trabajador al que
los grupos económicos no han podido doblegar, a pesar de los intentos de
hacerle pagar la crisis, en estos 10 años desde aquella fecha histórica. No
deja de ser esto una puja entre sectores de disímiles fuerzas, que no se
resuelve con tarifas ni ajustes sino con mayor cantidad de fondos para
educación, salud, vivienda, infraestructura básica y programas culturales,
deportivos y sociales.
Los rostros de los excluidos
El 19 y 20 de diciembre de
2001 actualiza hoy la defensa de los excluidos. Y haciendo un análisis de
cuáles serían esos rostros en esta actualidad que nos toca vivir, sobre los
cuales la sociedad debiera centrar su mayor esfuerzo, encuentro los siguientes:
De los sin tierra: y recuerdo a las tres personas asesinadas
en el Parque Indoamericano el 7 de diciembre de 2010 y, más cercano, el de
Cristian Ferreyra del Mocase. Y en Bahía veo los rostros de los mal llamados “usurpadores”,
de calle Paraná al fondo o de las madres solas en el nuevo barrio de la AEC.
De los pueblos originarios: y se me vienen a la mente los
asesinatos en la
Comunidad La Primavera (Formosa) de los pueblos Qom el 23 de
noviembre de 2010.
De los precarizados: y aparece ante mí el asesinato de
Mariano Ferreyra el 20 de octubre de 2010 pero más cercano la muerte del
bahiense Juan Cruz
Manfredini en noviembre de 2010, y el joven obrero en Cerri aplastado por el
paredón, como el obrero de la construcción en calle Florencio Sánchez, y los
muertos de Petrobrás, Solvay y de Dreyfus, donde se mezcló “aprovechamiento”
por condición de inmigrante y de destierro al ser ciudadano paraguayo del Gran
Buenos Aires.
De los contaminados o sin medio ambiente: y aparecen el
Dragado a Cerri, el de Escobar y las Destilerías de Dock Sud, Berisso y
Ensenada pero también las condiciones de producción en nuestras industrias
locales.
La sintonía fina. Medidas económicas para avanzar
El 19 y 20 de diciembre de 2001 pide
hoy medidas económicas concretas que permitan destinar mayores recursos a las
necesidades del pueblo.
En este tema, contemplamos
cómo, después de obtener el 54 por ciento de los votos y haber tomado las
medidas de acción tributaria con respecto a la compra de dólares, una millonada
se va del país (menos educación, menos trabajo, menos salud, menos vivienda,
menos…), y seguramente una base de los que votaron al oficialismo terminaron
refugiándose en el dólar. Está claro que lo que les importa es el bolsillo y la
rentabilidad de los fondos y no apoyar a un gobierno nacional y popular. ¿Se
puede controlar esto de otra manera que no sea con medidas económicas
profundas? ¿Se puede dilapidar la oportunidad que da el respaldo de semejante
cantidad de votos? Es posible si se decidieran cuatro medidas contundentes:
Nacionalización del comercio exterior (agro -cereales y alimentos-;
industria -automotriz, siderurgia-; recursos energéticos -petróleo, minería-) y
de la banca financiera, brazo ejecutor de la fuga de divisas (al menos algún
banco emblemático como el City);
Determinación de la Deuda Externa Legítima en base al fallo Olmos
del juez Bonadío y el no reconocimiento de la Ilegítima, a través de una
Comisión Parlamentaria;
Batería de medidas laborales: prohibición de despidos y suspensiones;
reparto de disminución de horas entre todos los trabajadores sin afectar
salarios; salario mínimo igual a la canasta familiar; 82 por ciento móvil para
las jubilaciones y pensiones mínimas; recuperación de empresas cerradas en
manos de los trabajadores; plan masivo de obras públicas controladas por la
sociedad (escuelas, hospitales, viviendas).
Argentina al ALBA, como signo de nuestra mayor integración sudamericana
en un camino de nacionalización de la patria grande.
¿Será este gobierno capaz de avanzar, mínimamente, en algunas de estas medidas
para frenar la sangría y destinar esos fondos a las necesidades sentidas del
pueblo? Es lo que espero. Los primeros cien días son cruciales.
Como siempre, el tiempo será testigo y nosotros los espectadores…


